jueves, 25 de marzo de 2010

Fernando Ortiz, ¿Tercer descubridor?

Las palabras, las muy engañosas, tienen fama de santas, de eternas, de contener, de portar, de ser vasijas de la Verdad, la Belleza y la Inmortalidad. También hay malas y putas palabras. Cuelgan sobre ellas esos sambenitos. Sin embargo, ¿cuántas veces no hablamos sin pensar antes lo que decimos, sin advertir qué es lo que se esconde detrás de los términos, las frases, las palabras de uso común?; ¿cuántas veces ellas salen de nuestra boca sin que advirtamos que la vox populi no siempre es vox dei?, porque ellas, las palabras, no son santas ni pecadoras, diestras o siniestras, sino que son lo que son, palabras, instrumentos en la lengua y la cabeza de un hombre que si tiene atributos, pasiones, seducciones y partidos. Confundimos el Logos con cualquier palabra. Las sencillas palabras de cada día adquieren potencia creadora por obra y gracia del no pensar, del no ser, del no estar. El lugar común se hace sitio en lo sagrado y las palabras adquieren, seguramente sin quererlo, la condición de pequeñas cajas de Pandora. Todos los demonios empiezan a danzar.

Podría mencionar miles de frases hechas, “comunes”, que usamos a diario y que o dicen lo contrario de lo que creemos que dicen, o esconden verdades, rémoras enquistadas en cada uno, y que, de detenernos a meditar en ellas y sobre ellas, sentiríamos vergüenza de notrosos, pena. Otras palabras son simpáticas trampas, como aquella invitación que hacía un profesor mío a ser “entusiastas ateos”, y ante quien yo siempre sonreía imaginando a los griegos que bien podían interpretar aquello como “estar llenos del Dios ateo”.

En estos días he leído un enjundioso libro. Un texto esencial pues en él hablan algunos de los poetas e intelectuales más importantes que llenan el siglo XX cubano. Uno de ellos habla de Don Fernando Ortiz, y no vacila, o aparentemente no lo hace, al repetir el más famoso de los epítetos que acompañan al sabio cubano: Tercer descubridor.

La tradición judeocristiana, cabalística, numerológica, santera, palera, brillumbera o la costumbre, hacen que disfrutemos viendo y enunciando trinidades por todas partes. Pero esta que se nos propone es una triada desigual, donde seguramente sus partes se repelen y remueven cada vez que las convocan juntas. Observen ustedes con atención. El primer descubridor es Cristóbal Colon, el segundo Alejandro de Humbolt, y el tercero ya lo mencionamos.

Descubrir, lo que se dice descubrir los tres descubren, o vuelven a cubrir, o colocan nuevos velos, que es lo mismo. Pero puestos en una balanza cada uno de los descubrimientos veremos que como se repelen entre sí, o al menos, podemos hacer varias combinaciones de contrarios repelentes o repelidos usando a cada uno de los personajes. Luego entonces la “trinidad” no es, o falla en su enunciado o es una manipulación que se mueve entre la ingenuidad y la desidia. Para que exista equilibrio y armonía en el tres, las partes deben formar una unidad estable de tal consistencia que de lugar al nacimiento de lo nuevo, de una nueva sustancia verdadera.No se trata únicamente de descubrir sino de hacer explícito que contenido acumula cada uno de los descubrimientos invocados.

Cristóbal Colon, un genovés al servicio de las Coronas de Castilla y Aragón, empeñadas en consolidar una unidad –inexistente en lo real- idiomática, religiosa, geopolítica y económica, es decir, un pacto conformado alrededor de una utopía imperial, se lanza a una aventura cuyo objetivo, como se sabe, es crear una ruta comercial que deje en el camino a la pérfida Albión y a venecianos, genoveses, franceses, portugueses, y otros, en su intento de acaparar el control de las rutas comerciales hacia el Oriente. Olor de cúrcuma y jengibre. La proeza del marino, el salto que provoca al fiarse de los relatos de Polo, de las Escrituras de Isaías y de los cálculos griegos, a contrapelo de la muy aceptada idea de la planicie terráquea, es innegable, como también lo es que el Gran Almirante de la Mar Océana creyó haber llegado a Cipango y que pronto en Catay, que estaba ahí mismo, al cantío de un gallo, se encontraría con una avanzada de soldados y comerciantes que le darían noticias del Kan, como también es cierto que buscaba oro y que estaba obsesionado con él, y que a los reyes le interesaba más acabar con los reinos moros del sur de la península o desarrollar la Contrarreforma, que se vería consagrada por obra de la “providencia” que, en un arranque de hispanidad, inclinó sus favores hacía un mundo naciente cuya misión histórica sería salvar a la Europa desangrada y moribunda, inyectándole metales preciosos, y extender una cristiandad católica romana, que no un Cristianismo, amenazada desde el centro y el norte por la Reforma luterana y calvinista, y carcomida por la corrupción de sus príncipes y potentados. Alejandro VI, el papa Borgia de infeliz memoria, terminará consagrado el despojo y dividiendo al mundo en dos, como si fuera una naranja valenciana.

Cristóbal Colon, quizás sin quererlo o sabiéndolo, abrió la puerta a los demonios de la sangre y de la usura. Él inauguró el proceso que podemos muy bien, siguiendo nuestra manía con los números, delimitar en cuatro fases: Descubrimiento, Conquista, Colonización-Saqueo y Etnocidio. Holocausto podríamos llamarle a esta última etapa, en afán unificador, y no estaríamos exagerando. Todas estas fases deben ser vistas como parte de un mismo proceso imperial, como parte de una realidad y una mentalidad, de la que el marino no deja de ser un participante conciente, un actor. No sólo reclama para sí títulos sino que cargos y dineros. ¿Qué estaba conciente el “descubridor” de lo que vendría después de sus avistamientos? Revísense sus diarios y lo sabremos. Es él el primero de los colonizadores, el primero de los saqueadores y el primero de los destructores de pueblos y culturas.

Cuando Colon llega los habitantes de esta ínsula, siempre extraña, ya sabían vivir en ella, ya tenían una Cultura, si por tener cultura entendemos la capacidad de ser y de pensar el mundo habitado, la de vivir. A saber, si quien habita es quien descubre, el titulo de primer descubridor le pertenece al tronco arauco y no al marinero genovés.

Alejandro de Humbolt ya sé sabe que fue un científico extraordinario que le permitió a Europa, y después a nosotros, reconocer la existencia de un mundo natural y social distinto. Los europeos entran con gente como Humbolt en el reino de la otredad. Pero ese mundo ya estaba de par en par abierto por los cronistas, los cartógrafos, los misioneros, y especialmente por los defensores de indios – de las Casas, Sahagún, de Acosta, Montolinea, y otros- dos siglos antes que él. Es importante, colosal, el trabajo del alemán, hoy nos sirve a nosotros. De él podríamos decir lo mismo que Martí de los padres dominicos “Buenos siempre, hasta para América buenos”. Humbolt representó el saber y la conciencia de una Europa que se recompone, pero no sirvió de adelantado a saqueos y destrucciones. La naturaleza de sus saberes y descubrimientos lo alejan de Colón y quizás lo emparienten con Ortiz, sólo que este último es la más acabada expresión de un “conocerse” que brota de Caballero, de Luz, de Varela, de Saco, de Romay, de Poey, de Finlay, y que llega hasta José Martí, para desembocar en la primera generación republicana empeñada en pensar a Cuba desde si misma, eligiendo sus instrumentos, conforme a su corta pero enjundioso tradición.

La costumbre, lo pegajoso de los epítetos –que conocemos bien desde Homero-, hacen que enunciemos, en reiteración y sin detenernos a pensar, una trinidad, que sin embargo implosiona cada vez que es convocada; sus partes ejercen entre si una fuerza tal de repulsión que sólo la costumbre, el lugar común y la repetición acrítica pueden explicar en su vigencia.

Si queremos para Don Fernando Ortiz, y hasta para Humbolt, un epíteto agradecido, una frase de uso común, debemos renunciar a su condición de tercero de una lista espuria. Pensemos en el sitio de los fundadores de patria y allí estará él, seguro sonriendo, pues le habremos quitado de encima el peso muerto del fantasma colombino, que es algo así como invocar la soga en casa del ahorcado, la Silbona, la Llorona, la Madre de agua, y cuanto espanto, espíritu maligno o burlón, meiga o bruja canaria nos acosa. ¡Solavaya!

Serán bienvenidas las palabras nuevas para los nuevos tiempos, los de la resurrección y la Gracia, los del logos cubano que ya dejó de expresarse en la futuridad y se encarnó entre nosotros, y se hizo hombre.

martes, 23 de marzo de 2010

Del daño que hacen las mentirosas historias




Según algunos, los libros del ciclo del Amadís de Gaula y Sergas de Esplandián de Garci-Ordoñez de Montalvo , el Tirant lo Blanch de Joanot de Martorell, el Espejo de príncipes, el Primaleón, el Lisuardo de Grecia, y otros de caballería o historias mentirosas, es decir de ficción, muy populares en los siglos XVI y XVII, no debían ser publicados porque distraían a las gentes de los asuntos de la fe, de los más graves centros o contribuían a la disolución de las buenas costumbres al proporcionar ejemplos licenciosos o destemplados a sus lectores o, en el mejor de los casos, atontarlos con su lectura de modo que estuviera todo el santo día tumbados o doblados sobre aquellos legajos que no enseñaban nada sino que entretenían. Se llegó a crear un Índice de libros prohibidos y hasta uno de textos parcialmente impropios, e incluso se quemaron o secuestraron libros. A pesar de los pesares y de los controles, la gente y los potentados de los nuevos y viejos mundos siguieron leyendo cuanto apetecían.

En el Siglo XX, afirmado el pragmatismo burgués, se adoptaron nuevas estrategias de presión y control sobre los lectores que iban desde el ofrecimiento de una literatura de incidencia práctica directa e inmediata (manuales de mecánica popular, de medicina para el hogar, libros de cocina, etc. ) hasta la edición de “concentrados” tipo Selecciones o la edición de volúmenes libres de temas escabrosos, que abonaron el camino a la literatura chatarra disfrazada de tratados, crónicas o de divulgación científica e histórica que manipula la ciencia y la conciencia, y por último, llegaron los libros de autoayuda, que terminan proponiendo el individualismo y la desconexión social como solución a casi todos los problemas humanos, es decir, toda solución se encuentra dentro del individuo y afuera sólo existen elementos de disolución o caos.

Este recorrido, algo reduccionista no lo niego, hace énfasis en una tendencia predominante que alterna por épocas y con obras concretas que, contra todo pronóstico, pasan la prueba del tiempo y conservan la capacidad de dialogar más allá de las contingencias, es decir, obras clásicas cuya utilidad practica muchas veces es apenas reconocible.

El asunto parece centrarse más en el qué publicar que en el cómo. La pregunta de los ciento cuarenta y cuatro mil pesos se reduce a ¿qué se debe publicar, qué no?, ¿qué proponer a los lectores y qué no? La tentación “democrática” indica que habría que abrir todas las puertas y ventanas, dejar a la oferta y demanda la publicación de libros y el estimulo a la lectura y crear una plataforma de conocimientos tales que un individuo sea capaz de discernir, sin interferencia externa pero conforme también a su ambiente y devenir, dónde está lo bello, lo útil y lo bueno sin necesidad de llegar a consensos sociales sobre el tema. Eso suena bien, es más, muy bien. Pero el Hombre es un ser social y necesita de acuerdos sociales, o de acuerdos y consensos a secas, so pena de dejar a un lado su humanidad y convertirse en un pieza del engranaje fácilmente sustituible.

Hay que educar para la escogencia, cierto es, pero esa educación pasa por el reordenamiento de los objetivos y propósitos de las industrias culturales, entre ellas, la editorial. Si la meta es la ganancia se necesita, en primer lugar, un consumo masivo, acrítico, y que tenga una capacidad acelerada de mutación, es decir, que satisfaga necesidades crecientes y cambiantes pero que éstas se agoten en si mismas, de manera casi inmediata, generando nuevas necesidades; y para lograr esto hay que proporcionar productos de bajo contenido, algo así como libros-hamburguesas, que pronto necesiten ser remplazados. Quizás el mejor ejemplo de esos libros, revistas, folletos, magazines, y otros, sean los que se ofertan en aeropuertos y terminales de medio mundo: productos económicamente baratos y de rápida absorción que una vez terminado el recorrido se lanzan en los cestos de basura del destino y son de inmediato reemplazados por otros que acompañarán los nuevos destinos.

¡Cuba está libre de esos entuertos!, gritarán algunos. La odisea de una terminal, y si es de trenes más, nos salva de esas tentaciones. La Cultura, como sistema, no encarna tales propósitos o tentaciones, lo nuestro es el hombre nuevo. Cierto. Cierto. Pero, ¿qué piensan los cubanos, qué sienten, qué desean, qué consumen, qué leen? Valdría la pena estudiarlo. No es este un ensayo o estudio de tendencias, es apenas un comentario, y no se expresarán estadísticas ni se validarán sus tesis usando instrumentos confiables, por lo que lo mejor sería abandonar el tema y dedicarse a mirar para el otro lado. Pero soy obstinado. El hecho de que las circunstancias económicas supuestamente nos libren del consumismo y la banalidad material no significa que no deseemos o no tengamos una percepción distorsionada de nuestras necesidades. Corín Tellado es posiblemente una de las escritoras más leídas por cierto sector de la juventud. Muchos prefieren leer a Dan Brown antes de sumergirse en los textos gnósticos que son la fuente de sus usos y abusos históricos. Los libros de autoayuda, esoterismo y Nueva Era están de moda. Algunos no leen y prefieren “informarse” a través de los programas del corazón alquilados en bancos privados. Eso es en Cuba, también.

Pero prometí contar un cuento o más bien un suceso y no le he hecho. Este da pie a las reflexiones anteriores y posteriores. Ya comienzo.

Hace unos pocos días fui a comprar libros a una bien dotada librería. Es un sitio tranquilo, ventilado y luminoso, aunque últimamente sus pasillos se están haciendo intransitables. No importa cuál de las muchas librerías del país es, sólo lo que allí ocurrió. Mientras buscaba, sus empleados conversaban. Uno de ellos estaba histérico pues decía haber tenido que vender un libro absurdo, que nadie compraba, y llevarlo a todos partes de balde. Se lamentaba de que ese libro era muy caro y que seguramente con el dinero invertido en publicarlo se hubieran podido presentar otros muchos que la gente comprara o deseara de verdad, y no como ese, pues vendían de él un ejemplar cada seis meses. Le dolía, se sentía ofendido, humillado, estaba realmente bajo un ataque de furia. Comentaba él, si es que así puedo llamar a su perreta, uno de los libros más importantes publicados en Cuba, suerte de hermenéutica de la poesía, texto que pocos autores pueden darse el lujo de escribir, pues es al unísono una poética, una lectura de la obra de un autor clásico y de la poesía cubana y universal a un mismo tiempo. Para el librero este libro no merecía ser publicado jamás.

No me pude aguantar. Le pedí disculpas, pues sabía que su coloquio no era conmigo y estaba entrando a terrenos donde no fui invitado, pero lo mejor fueron las conversaciones al margen, es decir, las pullas que me lanzó y no la confrontación directa que fue cualquier cosa menos letrada. Dijo que había que publicar sólo lo que el publico quisiera, y lo que es mejor, cortó el posible intercambio llevando la conversación al terreno de lo políticamente correcto o incorrecto. Tema tabú que introducen algunos cuando se les acaban los argumentos. Yo no le tengo miedo a la Política en tanto ella es el arte de hacer posible la convivencia. Me gusta, disfruto y penetro en sus fueros con risueña varonía, y, por demás, aceptemos que la Política era el tema de fondo, el real, pues se estaba discutiendo sobre dos formas de ver y hacer en sociedad y no sobre politiquería bastarda. Así que sean “políticos” mis argumentos.

Vayamos por partes. Lo primero que me gustaría entender es cuál es el modo que tenemos las gentes de conocer lo desconocido, de saber lo no sabido, si no nos ponen en las manos los instrumentos adecuados y la posibilidad de escoger entre ellos los que nos convenienen o los que nos parecen más cercanos a nuestras necesidades y sensibilidades. Para la escogencia hace falta ciencia. Si no me proponen un libro no lo leo, y ya se hay formas y maneras individuales de llegar hasta él, pero si no hay modo de enterarse no hay camino a la asimilación, al disfrute o a la aproximación. Sin saberlo, eso creo, el librero estaba proponiendo una forma totalitaria y avasalladora de dictadura: unos pocos deciden por las mayorías y en nombre de su bienestar usurpan sus deberes y funciones, las infantilizan para finalmente envilecerlas y enajenarlas, y además, abandonan a su suerte o anulan a las minorías, aunque estas sean pensantes o eficaces como catalizadores sociales, o sencillamente sean depositarias de una memoria genética que hay que conservar y respetar. Este método, que llamaremos inquisitorial, se basa en la falsedad de que el papel de los decisores culturales es en primer lugar librar a sus clientes o subordinados del farragoso ejercicio de decidir, dígase también pensar, usurpando y coactando su libertad, además, de determinando “estadísticamente” las tendencias dominantes, reforzándolas y controlándolas para que no se desvíen o se contaminen. Consumismo salvaje disfrazado de populismo pues el decisor terminará imponiéndose e imponiendo.

Puede que este librero sea una excepción, ojala, pero es una expresión minoritaria que hay que atender. El hecho de que un agente cultural piense así nos indica, en el menor de los casos, la posibilidad de la existencia, por más insipiente que esta sea, de una tendencia en la conciencia de algunos a preconizar la sustitución del papel de los individuos y los colectivos por el de grupos de poder o de decisión que hablen en su nombre y por la introducción de reglas de banalización y consumismo en medio de un proyecto cultural cuyas prioridades no son exactamente basadas en la obtención desmedida de ganancias aunque si debería basarse en reglas económicas claras y viables.

La lectura debe seguir siendo una prioridad en la vida de la nación. El debate cultural, civilizado y civilizador, debe sustituir a la perreta y a la imposición. Urge reconocer las reglas y necesidades colectivas como apura seguir proponiendo un catalogo de títulos posibles a leer que no abandonen las mentirosas historias de la ficción ni la estimulante presencia de lo difícil. Confiar en la sabiduría humana, que le ha permitido al hombre salir ileso de sus propias trampas y destrucciones, confiar en la experiencia colectiva que termina acomodando cada cosa en su lugar, debe ser la regla primera del juego de necesidades y posibilidades que es la Cultura.

sábado, 30 de enero de 2010

En el cumpleaños de Thomas Merton


El 31 de enero, es decir, mañana, se celebraría el cumpleaños 95 de Thomas Merton, Fray María Luís, el poeta y monje trapense que tanto amamos. Él nació en Prades, Francia, en 1915. Ese día tuvo lugar una procesión de antorchas. En 1940, hace setenta años, él vino a Cuba, en abril, buscando a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, pues ambos tenían cosas que decirse. En Matanzas predicó en la calle, en Camagüey encontró la Soledad, en Santiago de Cuba la Poesía y en La Habana se le mostró el misterio de la fe en medio del tormento y el bullicio de la urbe, por debajo del vocear de un vendedor de billetes de lotería que proclamaba el número cuatro y sus múltiplos. Su viaje a Cuba fue absolutamente definitorio.
En los sesenta, vía el P. Ernesto Cardenal, tomó conocimiento de los poetas de Orígenes y se carteó con Cintio Vitier. Ellos lo tradujeron. Esa amistad irradia a la cultura de la isla hasta hoy.
En 1996, en medio de una crisis espiritual y social, le pedí a Cintio Vitier Bolaños que publicara las cartas que Merton le escribió, y lo hizo. Después muchas cosas sucedieron: Rafael Alamanza tradujo un poema y el Mensaje a los poetas, Carlos Manresa publicó las traducciones de los Origenistas y he hizo la suya, Jesús D. Curbelo tradujo dos poemas – supuestamente perdida hoy esa versión-, y yo leí a todo Merton e hice una versión de su Canción a la Virgen de la Caridad.
Debajo de este texto encontrarán mucho del material que menciono. No es mi costumbre incluir en la bitácora material ajeno pero Thomas Merton y ustedes merecen la excepción.
Sirva este gesto como acción de gracias al Eterno Padre por la vida y la obra de Fray María Luís.
Lean, que no hay de otras.

He aquí a Dios que juega con Sus hijos


(versiones cubanas de poemas de Thomas Merton)

La Leyenda Primitiva--- Seis Fragmentos ---

Junio de 1963.

IV
Rápidamente puse en libertad a los jóvenes. Él se sentó, y fumo. Las flores se deleitaban. Y entonces aparecieron personas sobre la arena, y las naves se acercaban surcando el mar: pues en ese instante, mi país descansaba sobre el océano.

¡Cómo sonreían ellos! Hemos hallado, hemos hallado los sitios donde la lluvia es honda y silenciosa. ¡Hemos hallado las fuentes de la primavera, de donde Dios emerge remozado cada mañana! ¡Él puso Su mano sobre nuestros hombros, y nuestro corazón, como un pájaro habló!

¡Sus palabras eran reyezuelos silvestres, y millares de mundos retumbaban en sus gargantas: pues Él, que cantaba en sus cuerpos, era el centro de los planetas!

Sus pensamientos eran codornices en las paredes del palacio de Knossos.
Codornices de las montañas que están detrás de Phaesios
Codornices que aún hoy lo conocen, pues los pájaros no cambian.

Hemos encontrado los lugares donde el Señor de las Canciones
Donde el innominado se acuesta en los bosquecillos
Haciendo demasiado tímida su luz. El Valle florece con Él. Él duerme en la pradera sagrada.
Él despierta la lluvia en la colina secular.
Hemos descubierto que él no es ni lo uno ni lo otro,
Ni sagrado ni secular.

Las codornices que silban en la pradera
Son las mismas que aquellas de las paredes del palacio.
La codorniz pintada es sagrada.
La codorniz viva no es sagrada ni secular.

Hemos hallado los lugares donde el Señor de las canciones
Visita a sus amados. Encrucijadas. Cumbres de las colinas. Pueblos de mercaderes. Canchas de pelota. Bahías. Encrucijadas. Lugares de entrevistas. Puentes. Lugares donde el Señor de las canciones se refresca. Encrucijadas.
Es cuando se encuentra al Extraño, cuando se le conoce
En el encuentro imprevisto
Que el Innominado se vuelve un Nombre.

El llanto silente. La campana en la mañana.
El sitio donde se parte el pan.
Donde el anfitrión observa al visitante.

Y el Hombre adquiere un Nombre.
El señor de las Canciones es siempre la persona conocida.
Ni secular ni sagrada.

Vienen de la colina, los de Creta, los de Minos, los Incas, y los Mayas.
A ver pasar al dios de la piedra polvorienta.

Un dulce humillo. Grillos en el campo. Vinieron de la ciudad de la colina.

El olor del pan. El olor del maíz. El Señor de las Canciones
Buscaba a sus amados en el maíz.
(La piedra polvorienta es sagrada
El maíz vivo no es sagrado ni secular.)
Todas las razas silenciosas descienden de las colinas
A los caminos que se cruzan.

Me acerqué a ellos, abracé a mis hermanos, a los que ahora veía por primera vez, Colocaron sobre mis hombros sus manos inermes, y nos miramos unos a otros en los ojos.

El llano donde nos encontramos era elevado, rodeado de montañas: y se celebraba un juego de pelota - parte de un ritual-, tal como el que jugábamos hace diez mil años en nuestra montaña (¡pues sí, ésta era nuestra montaña!)

Era un juego con cuatro "goals", uno a cada lado del terreno, y se daba por descontado que la pelota era el mundo, y el nombre del juego era: ¡He aquí Dios que juega con Sus hijos!

Versión de Roberto Friol. Tomado de la hoja literaria Silencio Nuestro, Año II, Número 3. Mayo-Agosto de 1996. Edición de Carlos Manresa.

Canción para nadie

Una amarilla flor
(Luz y espíritu)
A solas canta
Para nadie.

Un áureo espíritu
(Luz y vacío espacio)
A solas canta
Sin palabras.

Nadie toque este sol delicado
En cuyo ojo oscuro
Alguien está despierto.

(Ni luz, ni oro, ni nombre, ni color
Ni pensamiento:
¡Oh, bien despierto!)

Un áureo cielo
Canta en soledad
Una canción para nadie.


Versión de Octavio Smith. Tomado de la correspondencia de Cintio Vitier. Publicada por primera vez en la hoja literaria Silencio Nuestro. Número 2. Enero-abril de 1996. El poema aparece en el libro Emblems of a Season of Fury (1963).


Ama al invierno cuando la planta no dice

¡Oh bosques pequeños, humildemente
Tocad la nieve con las ramas bajas!
¡Oh piedras encubiertas
Esconded el lugar del crecimiento!

Secretas
Palabras vegetales,
Agua iletrada,
Cero diario.

Ruega impasible,
Árbol crespo
En acero esculpido
¡Cenit sepultado!

Fuego, vuélvete adentro
Hacia tu fuerte débil,
A la fornida tacha infantil,
Casa de nada.

Oh paz, bendice este lugar demente:
Silencio, ama este frío crecimiento.

Oh silencio, cero dorado
Sol sin poniente,
Ama al invierno cuando la planta no dice nada.

Versión de Eliseo Diego. Publicado por primera vez en la hoja literaria Silencio Nuestro. Año II. Número 2. Enero-abril 1996.

82

Una lluvia fría y oscura cayó el día de Santa Teresa del Corazón
Porque aún nadie sabía que festejaba sus quince años.
Llovió como en invierno en honor de su sagrado corazón
Porque los señores habían construido una muralla de piedra negra alrededor de su corazón
Y los prelados, alcaldes y confesores preferían las puertas cerradas.
La lengua de su corazón, dijeron, podía insultar a la visión.
Así que construyeron cuatro murallas de lluvia fría alrededor de la visión.
Y la lluvia reprimió a la visión en honor de su amor.
En la celda teológica, donde había sido encerrada a solas con la visión, su corazón fue traspasado por miles de agujas de fuego.
Entonces los alcaldes, prelados y confesores lloraron todos juntos en honor de su amor.
Todos a la vez fueron a las murallas de la ciudad lluviosa y fortalecieron sus mentes envolviéndolas en los pliegues de la tormenta negra.
Tras ellos, en el pueblo invisible, las cárceles y los conventos se incendiaron.
En su pequeña ventana, Santa Teresa, olvidada por estos bromistas extasiados, convirtió su corazón en una paloma.
La lluvia cesó en ese momento.
La paloma había volado al centro ardiente de la visión.

De Cables para el As.(1968)


Versión de Carlos Manresa. En el libro Collected Poems of Thomas Merton publicado por New Direction Books el poema aparece con el número 82 en la sección del libro Cables para el As. En otras publicaciones este poema aparece por separado como Rain and Vision (Lluvia y visión).


Canción para Nuestra Señora de la Caridad del Cobre

Niñas blancas
Árboles que levantan sus cabezas
Niñas negras
Flamencos reflejándose en las calles

Niñas blancas
Cantan como el agua las agudas notas
Niñas negras
Conversan en silencio como tierra mojada

Niñas blancas
Abren los brazos como nubes
Niñas negras
Cierran sus ojos como alas

Ángeles reverentes cual campanas
Ángeles que se levantan absortos cual juguetes
Porque las estrellas
En el cielo de la noche
Hacen la ronda
Y del mosaico, que es la tierra,
Se levantan
Volando
Todos sus fragmentos
Como pájaros en estampida.

Versión de Jesús Lozada. Poema escrito en el Hotel Casagranda de Santiago de Cuba en 1940 e incluido en “La Montaña de los Siete Círculos” (1948).



La comparsa en Oriente
(Una conga)


Despiertan los tambores de la tardecita
La montaña plena de mineral, y el cañaveral,
Arriba en el Cobre los altos tambores llaman
Uno que suena gangarrias con un clavo,
Otro con plumas por mangas,
Otro cuyos brazos son pájaros,
Otro con llamaradas en la boca
Y luces en lugar de palabras.

Uno con un sombrero de hojas de tabaco
Suena su tambor como una campana,
Y con las claves baja los santos del cielo
Desde la cima de la colina constelada;
Un ángel negro golpea una mandíbula de burro
Y (tic, tic) uno blanco, las claves
Con la complicidad de la Virgen bendita
Que sigue detrás, cargada de flores.

Cinco ángeles que golpean los bongós,
Siete santos que están sonando sus campanas,
Visten sus trajes hechos de papel dinero
Y zapatos de cáscara.
Y escandalizan como una alcancía,
Cargando torres encendidas:
Y las hacen girar con una solemnidad de sabios,
En el aire, templos de papel.

Tras las cañas las luces vuelan como pájaros
Y luego suspenden sus vuelos en los güiros,
Cuando la comparsa sale hacia los campos
Con fuego en la boca, pero no palabras:
Pues los diez ángeles suenan gangarrias
Cuando la comparsa se va,
Con los de la loma y los peregrinos
Danzando rumbo a Camagüey.

Ruega pues por nosotros, Madre de Jesús,
Caridad, Merced,
Reina del Cobre, también desde las tres torres
Que velan sobre Camagüey:
Los diez ángeles están tocando gangarrias
Y la comparsa se va.


Traducción de Rafael Almanza,
Para la Novena de la Virgen, MMII.

Por alguna extraña vía…


Cuatro cartas de Thomas Merton sobre América Latina

Por alguna extraña vía, Latinoamérica tiene mucho que ver con mi vocación…
Merton



Carta a Pablo Antonio Cuadra

13 de junio de 1959

Estamos ambos muy aliviados de escuchar que se encuentra a salvo en Costa Rica. Las noticias sobre la revolución han llegado hasta nosotros, pero la información que obtuve no era favorable: se trata mayormente de un anuncio propagandístico del Gobierno de Somoza, sobre que las guerrillas habían sido erradicadas a gran escala. Espero que no sea cierto. También espero que Estados Unidos no intervenga en apoyo de la tiranía de Somoza. ¿Hay algo que yo pueda hacer? ¿Puedo escribirle a la OEA?
Por cierto, el hermano Lawrence y yo estaremos orando vehementemente, y ya encomendé las intensiones de la revolución al grupo de los novicios. Todos rezamos con vehemencia por usted. Me alegra que no lo hayan arrestado.
Escuché las primeras noticias de la guerra de liberación cuando fui visitado por J. Laughlin, el editor de New Directions. Sucedió que estábamos fuera del monasterio y lo vi en el periódico. Naturalmente, hablamos sobre su trabajo. Él todavía planea el anuario de New Directions para este año e intenta incluir algunos de sus poemas. El libro de poemas no aparecerá hasta el año que viene, pues todavía no completó su plan para la nueva serie de la cual formará parte. De modo que con todo esto, usted deberá tener paciencia. New Directions trabaja con gran lentitud, ya que casi todo es hecho por el propio Laughlin, y él está ocupado con muchas otras cosas además de su propia empresa. Sus poemas le gustan mucho y espera que le mande una copia del libro. Le mostré la que me envió y coincide en que es muy atractiva. Le atrajo el efecto de los dibujos que se utilizaron, y creo que se animará a usar alguno de ellos para su edición.
Y ahora, Pablo Antonio, hay mucho para rezar. Las tiranías y las compulsiones bajo las cuales vivimos en estos días son una afrenta moral para el hombre, la imagen de Dios. Y se está volviendo cada vez más claro que nuestra obligación moral fundamental es resistir la complicidad y la sumisión a cualquier poder abusivo, ya sea físico, moral o espiritual. Y esto es complicado y peligroso a la vez. Se cometerán errores, y la violencia resulta difícil de refrenar. A la vez resulta necesario enfrentar la fuerza con la fuerza, y entonces sólo cabe esperar que la violencia resultante no traspase los límites razonables. En los grandes problemas internacionales del mundo, esta esperanza ya no existe con claridad. En situaciones locales tales cosas son todavía posibles. Que la libertad y la justicia lleguen a Nicaragua, y a todos los estados latinoamericanos. Y que exista una mayor comprensión en todos los ángulos de nuestro continente. Lamento que Estados Unidos asuma una visión de todo con tanta miopía e intereses materiales. Vivimos en tiempos muy malos, y nuestra vocación para redimirlos es algo que casi está fuera de alcance. Nada podemos hacer sin el poder oculto de Dios, y en nuestra época más que en cualquier otra, Dios parece ausente. En esta aparente “ausencia” de Dios debemos seguir adelante con fe, en el peligroso ejercicio de nuestra libertad.
Ahora debo finalizar con celeridad. El Hermano Lawrence le escribirá de inmediato. Rece por mí. Tengo que tomar decisiones muy difíciles. Dios lo bendiga. Por favor envíenos noticias pronto. Espero que sean buenas noticias. Mándenos lo que pueda.

P.D. ¿Podría mandarme información sobre las Islas Com, pertenecientes a Nicaragua?


Carta a Clayton Eshelman
Junio de 1963

Lleva tiempo escribir una carta como la tuya, entre las otras cartas de escritores, y de locos, los lastimados, los ricos con propuestas, y los fanáticos con acusaciones.
Traduje sólo media docena de poemas de (Cesar) Vallejo (creo que todos eran de Poemas humanos) y cuatro estarán en mi nuevo libro (Emblemas de una estación de furia) este otoño, de modo que no estoy exactamente hurgando y haciendo algo. Me alegra saber que tú si. Pienso que todos los poetas de Estados Unidos podrían traducir a Vallejo y no comenzar a captarlo siquiera.
…Esto se debe, creo yo, a que es el más universal, católico en tal sentido (el único sentido real), poeta de estos tiempos, el único poeta desde (¿quién?, ¿Dante?) que se asemeja a Dante. Quizás Leopardi, de quien no leí mucho, y por su puesto Quasimodo tiene algo de eso también.
Lo que quiero decir es que Vallejo es totalmente humano, opuesto a nuestros poetas zombis y a nuestras muchachitas poetas y nuestros incontinentes. Nunca pensé realmente en todo lo que se debe comenzar a decir sobre Vallejo, pero él es formidable y extraordinario, un fenómenos enorme, mucho más magnífico (en el sentido clásico) que Neruda, precisamente porque él es en todo más pobre. No importa lo que hagas con Vallejo, nunca podrán incorporarlo a la estructura de nadie (Neruda se ajustó fácilmente sin causar el más leve problema).
Por lo tanto, pienso que una traducción de Vallejo no es sólo un lindo e interesante albur sino un proyecto de grande y urgente importancia para la raza humana.
Sin embargo, me gustaría ver tus traducciones de Neruda.
En términos de volumen, no he leído todo o siquiera la mayoría de la refinada poesía latinoamericana. Hay demasiado. No creo que ninguno de los que conozco se aproxime a la estatura de Vallejo, pero son admirables en sentidos menos profundos. Nadie podría ser tan directo, e ir tan fondo a corazón de ello, y nunca parar de hacerlo. Pero los latinoamericanos son mejores, como un todo, que los norteamericanos. A Cid Corman no lo conozco. Muchos de los otros, incluso los más sinceros, dan incluso la impresión de estar posando, especialmente en su sinceridad. Ellos simplemente no tienen nada que decir y cuando están indignados uno siente su indignación (en un buen sentido por supuesto) no consiste en más que una justa indignación con ellos mismos y con el hecho de que no son apreciados por todos, todavía.
Vallejo es un gran poeta escatológico, con un profundo sentido del final (y de los nuevos comienzos a los cuales no se refiere). Todos los demás están corriendo alrededor, detonando petardos y proclamando que se trata de un feriado nacional, de una emergencia o alguna cosa. Apenas se arrellanan en una tina de palabras tontas.
A (Hoffman Reynolds) Hays no lo conozco, tampoco vi N(ew) D(irections) 15 con el ensayo “ La pasión de César Vallejo”, y no estoy siguiendo lo que se publica, no estoy bien informado, tú me entiendes.
En cuanto a mi, no voy a traducir algún libro entero de V. pero puede ser que algún día haga una antología de poetas L. americanos que más me gustan, y eso significaría mucho de él. Pero no creo que se superpongan las varias traducciones de un hombre así, especialmente de los Poemas humanos. Podría trabajar más sobre Los heraldos negros porque allí me gusta la manifiesta cualidad inca.
Envíame algo tuyo: no te conozco, aunque tu nombre me es familiar. Raras veces leo revistas, incluso cuando las recibo. Probablemente estuve en algo contigo sin saberlo.

(Traducción de José Coronel Urtecho)


Carta a Stefan Baciu, profesor de literatura en la Universidad de Hawai.
21 de mayo de 1965

Trataré de responder a su carta antes de que el asunto deje de estar en mi mente. Si lo dejo pasar, probablemente nunca consiga retomarlo. Entretanto, trataré de encontrar material y cuando lo tenga a mano se lo enviaré, con la esperanza de que llegue a Hawai antes de su partida.
Ante todo me gustaría decirle lo que ya dije a otros: que hoy me siento más en sintonía con los poetas latinoamericanos que con los de Norteamérica. Siento que aunque escribo en inglés, mi idioma (idioma poético al fin) es mucho más el de Latinoamérica que el de estados Unidos. Para comenzar, siento que los poetas académicos de EE.UU. están simplemente atrapados por un impasse muy estéril donde nada hacen salvo gastar bromas esotéricas con el lenguaje. Por supuesto que admiro a Robert Lowell como un poeta genuino, pero es una excepción, y muy notable. En cuanto a los beat estadounidenses, siento más simpatía hacia ellos pero no les respondo plenamente. En cambio, me parece que los poetas latinoamericanos son más vitales, tienen algo honesto para expresar, están más sinceramente preocupados por la vida y la humanidad. En ellos queda una esperanza genuina, y cuando son amargos su amargura posee una madurez y un contenido que la hace respetable, y en todo caso es algo que tiendo a compartir de alguna manera.
Mis antecedentes son en gran medida europeos, esto tiene probablemente algo que ver con ello. Todavía leo muchísimo en francés, aunque no una gran cantidad de poesía francesa contemporánea. También, durante mis años de formación, estuve bajo el influjo de F. García Lorca y nunca me recobré. Perdura como uno de mis poetas favoritos y es alguien a quien respondo completamente.
Nicaragua: después de que Ernesto (Cardenal) pasó dos años aquí en Getsemaní, entré en una íntima vinculación con los poetas nicaragüenses, en especial (aparte de Cardenal), Pablo Antonio Cuadra, José Coronel Urtecho, y en menor medida Ernesto Mejía Sánchez. Por su puesto, tengo una gran admiración por Alfonso Cortés, alguno de cuyos poemas traduje.
Ecuador: admiración por Jorge Carrera Andrade, a quien traduje (algunos poemas) y con quien mantengo correspondencia. Hay en él una cualidad franciscana y una simplicidad luminosa que me atraen mucho.
Chile: traduje algunos poemas de Nicanor Parra. Admiro su ironía y simpatizo plenamente con la protesta que ella implica. Por supuesto, me gusta mucho el Neruda de los comienzos.
Perú: Traduje algunos poemas del gran (César) Vallejo a quien considero la voz más importante de la poesía americana del siglo XX, de hecho probablemente el más importante poeta del siglo en cualquier idioma.
Argentina: He tendido algún contacto con Victoria Ocampo, por su supuesto en relación con artículos míos publicados en Sur. Escribí una nota como aporte para el libro Testimonios sobre Victoria Ocampo. Fue reproducido en mi libro Semillas de destrucción. (¿Lo tiene?) También he estado en contacto con un grupo de jóvenes poetas de allí, principalmente con Miguel Grinberg, para quien escribí Mensaje a los poetas, que fue leído durante un encuentro de poetas latinoamericanas realizado en México, febrero de 1964.
México: Gran admiración por Octavio Paz, naturalmente. Publiqué poemas y dibujos en El Corno Emplumado.
Uruguay: en un contexto diferente, establecí una calida amistad con Esther de Cáceres, amiga íntima de Gabriela Mistral, y a través de ella descubrí a una poeta muy hermosa, poco conocida, profundamente espiritual, Susana Soca. Quise traducir algunas cosas suyas pero no he tenido tiempo.
Brasil: Conocí y establecí gran amistad con Alceu Amoroso Lima, una carta a él fue reproducida en Semillas de destrucción. Quise traducir algo de Jorge de Lima, pero todavía no tuve tiempo. Traduje un par de poemas de Carlos Drummond de Andrade. De los portugueses, hace poco traduje algunos poemas de Fernando Pessoa.
Tras fuentes en las que me refería a América Latina y a la poesía latinoamericana, la “Carta a Pablo Antonio Cuadra sobre gigantes” (¿la tiene?, está en Emblemas para una estación de furia) y hace poco un artículo para Sewanee Review (lo enviaré).
El prefacio de mis Obras Completas en Buenos Aires tiene también referencias a América latina.
Podría finalizar diciendo que me hizo muy feliz la edición de mis poemas en México, traducidos por Ernesto Cardenal e ilustrados por Armando Morales, una colaboración muy gratificante.
Espero no haber olvidado aquí nada importante. Trataré de juntar el material todavía disponible para enviárselo.
¿Le conté que estuve leyendo a Ventila Horia? Un escritor excelente.
Le deseo éxito en su gira de conferencias y espero recibir sus noticias. Pero en verdad me estoy retirando gradualmente a una forma de vida más oscura y esto significará una reducción de mi obra escrita y de contacto, aunque por su puesto no los esenciales.

Carta a Ernesto Cardenal
11 de Marzo de 1967

Ya pasó algún tiempo desde que recibí tu carta. Tuve que ir al hospital, otra vez, en esta oportunidad para una cirugía menor, pero al regresar no consigo encontrar tu carta para responderla en detalle. Pero recuerdo su contenido y estoy perturbado. La noticia que envías no es buena; pero las noticias hoy son malas en todas partes cuando las cosas están en crisis en todos lados, la violencia amenaza por doquier.
Básicamente, hoy nuestro primer deber es hacía la verdad humana en su realidad existencial, y tarde o temprano esto nos pone en confrontación con el sistema y el poder que procuran avasallar la verdad en beneficio de intereses particulares, tal vez racionalizados como ideales. Tarde o temprano este deber humano se presenta en la forma de una crisis que no puede evadirse. En tiempos así resulta muy bueno, casi esencial, tener al lado de uno con determinación similar, y uno puede entonces ser guiado por la inspiración común y una comunión en la verdad. Aquí puede encontrarse una verdadera fortaleza. Un testimonio completamente aislado es mucho más difícil y peligroso. A la larga eso también podría volverse necesario. Pero, en todo caso, sabemos que nuestra única fortaleza está en él Señor y en su Espíritu, y que la fe debe hacernos depender enteramente de su voluntad y providencia. Uno debe estar auténticamente desapegado y libre a fin de no ser refrenado e impedido por cualquier cosa secundaria o irrelevante. Lo cual es otra manera de decir que la pobreza además es nuestra fortaleza.
El café llegó y es muy apreciado. Desafortunadamente la carta que lo acompañaba se perdió. Me gustaría tener la dirección de la firma y de la gente que lo envió, así puedo agradecerles personalmente.
Todo anda bastante bien aquí, aunque tengo muchas dificultades menores en todos los flancos. Pero eso no importa. Puede ser que resulte imposible enviar textos mimeografiados dado que prácticamente no logro obtener un secretario que me ayude aquí. Traduje un poema de (Rafael) Alberti sobre Roma [Nocturno romano] (enviaré una copia) y el pequeño monje pío que me lo mecanografió dijo que era inmoral, y demostró gran renuencia a ayudarme en otras tareas. Todo esto es entretenido. Tal vez escriba un libro sobre Camus, y apreciaría oraciones de ayuda para este emprendimiento. Espero que hayas recibido los artículos sobre él que envié.
Estemos unidos en la oración y la confianza. Veo cada vez más que no hay esperanza sino en Dios. Todo lo demás falla completamente.